miércoles, 3 de julio de 2019

3 Julio . Guimarães a Braga





3 Julio . Guimarães a Braga

Tenemos todo el día para ver Braga y dormir en ella. Llegamos a las 10:30 a.m. dejamos el equipaje y nos vamos a recorrer la ciudad.
El día amaneció cubierto, gris, feo y ojalá hubiera seguido así porque en cuanto salió el sol a eso del medio día, el calor empezó a hacer de la suyas.
Por suerte se puede aparcar a menos de 500m de la oficina de turismo y gratis.
La avenida principal es ajardinada y cuando termina el jardín comienza una calle peatonal y muy comercial, tanto tiendas como cafeterías y restaurantes.  Edificios con mucho azulejo de color en las fachadas y mucho palacio, palacete, casonas y mansiones.






La catedral tiene un fuerte contraste entre la sobriedad del gótico de sus naves y la locura barroca del coro acompañado de dos órganos gemelos enfrentados y separados por no más de 5 metros. La catedral fue construida por maestros vizcaínos traídos para la ocasión.





Buscamos un libro de cocina portuguesa en el idioma de cervantes pero solo encontramos en la lengua de Camoes o de Gil Vicente. Seguiremos buscando. Es tradición que allá donde vamos nos traigamos las tradiciones culinarias en forma de libro.



La catedral nos ha saturado de arte sacro y eso que nos hemos negado a entrar en el museo.
Ojalá mañana podamos ver un burdel en pleno funcionamiento en vez de tanta santidad hipócrita.
Mientras tomamos una cerveza refrescante y pensamos en la comida, se nos viene la idea de darle un respiro a la cocina portuguesa y empezar a entrenarnos con la tailandesa. A tan solo 200 m de donde estábamos encontramos el  Ra – Chá – Kao. Muchas salsas picantes, un arroz con verduras y gambas y un salteado de verduras agridulce que venía servido dentro de una piña . Para empujar los bocados y favorecer la digestión, un té de jengibre.


                                Siempre que comemos tai, Eva medita.




Después de comer hemos seguido un poco ejercitando nuestro trabajo favorito, hacer el turista aunque ya un poco renqueantes. En el último palacio a vistar, el de Biscahinos, aprovechamos el jardín y la frondosidad de los árboles para descansar un rato.






Como estamos alojados muy a las afueras, nos compramos unas ensaladas y unos wraps y nos quedaremos a cenar en la habitación. Eso sí, no nos olvidamos del hielo para mi pié y para la ginebra.

1 comentario:

  1. Pues ¿qué tal Braga en su totalidad? ¿Sería un buen lugar donde pasar un par de semanas y aprender un poco de la lengua de Magalhães? ¿Por fin encontrasteis algún bordel en pleno funcionamiento o es pura iglesia y ya?

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