3 Julio . Guimarães a Braga
Tenemos todo el día para ver Braga y dormir en ella.
Llegamos a las 10:30 a.m. dejamos el equipaje y nos vamos a recorrer la ciudad.
El día amaneció cubierto, gris, feo y ojalá hubiera seguido
así porque en cuanto salió el sol a eso del medio día, el calor empezó a hacer
de la suyas.
Por suerte se puede aparcar a menos de 500m de la oficina de
turismo y gratis.
La avenida principal es ajardinada y cuando termina el jardín
comienza una calle peatonal y muy comercial, tanto tiendas como cafeterías y
restaurantes. Edificios con mucho
azulejo de color en las fachadas y mucho palacio, palacete, casonas y
mansiones.
La catedral tiene un fuerte contraste entre la sobriedad del
gótico de sus naves y la locura barroca del coro acompañado de dos órganos
gemelos enfrentados y separados por no más de 5 metros. La catedral fue construida
por maestros vizcaínos traídos para la ocasión.
Buscamos un libro de cocina portuguesa en el idioma de
cervantes pero solo encontramos en la lengua de Camoes o de Gil Vicente.
Seguiremos buscando. Es tradición que allá donde vamos nos traigamos las
tradiciones culinarias en forma de libro.
La catedral nos ha saturado de arte sacro y eso que nos
hemos negado a entrar en el museo.
Ojalá mañana podamos ver un burdel en pleno funcionamiento
en vez de tanta santidad hipócrita.
Mientras tomamos una cerveza refrescante y pensamos en la
comida, se nos viene la idea de darle un respiro a la cocina portuguesa y empezar
a entrenarnos con la tailandesa. A tan solo 200 m de donde estábamos
encontramos el Ra – Chá – Kao. Muchas
salsas picantes, un arroz con verduras y gambas y un salteado de verduras agridulce
que venía servido dentro de una piña . Para empujar los bocados y favorecer la
digestión, un té de jengibre.
Siempre que comemos tai, Eva medita.
Después de comer hemos seguido un poco ejercitando nuestro
trabajo favorito, hacer el turista aunque ya un poco renqueantes. En el último
palacio a vistar, el de Biscahinos, aprovechamos el jardín y la frondosidad de
los árboles para descansar un rato.
Como estamos alojados muy a las afueras, nos compramos unas
ensaladas y unos wraps y nos quedaremos a cenar en la habitación. Eso sí, no
nos olvidamos del hielo para mi pié y para la ginebra.
















Pues ¿qué tal Braga en su totalidad? ¿Sería un buen lugar donde pasar un par de semanas y aprender un poco de la lengua de Magalhães? ¿Por fin encontrasteis algún bordel en pleno funcionamiento o es pura iglesia y ya?
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