miércoles, 10 de julio de 2019

10 de Julio . Viseu




                                                                              Stairway to Heaven
Viseu 10 Julio

La suerte de estar en el centro nos permite levantarnos tarde, desayunar y estar a la hora que abren para que las visitas den rienda suelta a su necesidad de tirar fotos, nunca mejor dicho, hoy en día con la memoria de las cámaras y los teléfonos tiramos fotos al pedo sin parar.
Por una callejuela estrecha que va al pie de los retazos de muralla, construida sobre enormes rocas,  accedemos por la puerta Do Soar, al burgo medieval.





Nos topamos con una capilla de 1772 construida con las dádivas del pueblo, o por lo menos así reza el mensaje grabado en piedra sobre el dintel de la puerta. Pequeñita pero en un estado de conservación exquisito, tanto los frescos del altar como todos los azulejos que circundan las paredes.




Y yo que cada vez soy menos de catedrales, tengo que rendirme ante esta joya.
Mi capacidad fotográfica no da para relatar con imágenes lo que he visto.
En origen es románico, pero se modifica entre los siglos XVI al XVIII. Una vez en el interior vemos su enorme bóveda, estilo manuelino, se apoya en pilares góticos y está sostenida por ligaduras que se anudad a intervalos regulares.




 El coro bajo, alberga un altar barroco y sobre él, una bóveda de cañón decorada con grotescos.




Los púlpitos tienen sus bases y escalera tallados en piedra y su sacristía no tiene desperdicio, otro claro ejemplo de Horror vacui.





El coro alto alberga un museo y da acceso a balcones, galerías y un claustro.
Desde estos balcones  veíamos la iglesia de la misericordia, tan monumental  y se nos desataban unas ansias inmensas de cruzar la plaza e ir a verla al tiempo nos preguntábamos que necesidad había de construir otra iglesia, si ya tenían semejante joya en forma de catedral.





                                                                       

Vaya decepción, tanto edificio para una iglesia sin gracia, sin color, y sin ná de ná.
La hora de comer se acerca, el elegido, que tenía en carta un arroz de cabrito, lo desechamos por que nos quieren obligar a comer en una terraza caliente que aunque a la sombra, no seduce nada.  Vamos al Muralha da Sé. Cabrito asado y un vino rosado ha sido nuestra colación del medio día.





Sonaba todo el tiempo una colección de estándares de pop cantados por una voz meliflua nada atractiva. Queremos saber quién es para ponerle una cruz y mandarla al infierno. Ponemos el Shazam en el teléfono pero el volumen es tan bajo que no lo capta. Eva se levanta y se acerca a la fuente de sonido, pero confundida y despistada se queda bajo un aplique de luz hasta que le he dicho que era una lámpara y que mejor se fuera hasta bajo del altavoz. Ha sido muy divertido y nos ha dado para un buen rato de risa. No hay nada como reírse de uno mismo.






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