6 Julio Valença do
Minho – Caminha – Viana do Castelo.
Amanece un día soleado digno de la primavera que estamos
viviendo, tan alejado de los calores de España. No sé si es el viento atlántico
pero aquí ningún día hemos pasado de los 28º.
Vamos bordeando el rio Minho y visitamos la playa de Caminha que se
encuentra en plena desembocadura del río
fronterizo. Sistema dunar, arena muy blanca y un fresca pinada enmarcan este
agraciado paisaje. Al frente , del lado gachupín, domina el monte Tecla.
Recuerdo haber estado con Vicky y Tere Crespo en mis primeros 20´s.
Eva lee un consejo en la michelín, y que reza asi: Restaurante
Barquinha do Agra: las paredes de piedra
se ven realzadas por la iluminación contemporánea integradas en las oquedades del
techo. Esta unión de lo antiguo y lo moderno anuncia una cocina inventiva que
se sale de lo habitual, tanto en la reinterpretación de los clásicos como en
las alianzas de sabores. Servicio exquisito.
Ahora viene nuestra experiencia. Es sábado y Eva teme que
nos quedamos sin lugar y llama para reservar. No contestan pese a que hace ya
10 min que deberían estar abiertos. Por suerte está a 400 de donde nos
encontramos. Al llegar, nos abre un tipo en bermudas verdes al cual Eva se
dirige en su portugués de Tepito, no se entienden, intenta con el inglés,
tampoco esta vez es el idioma adecuado, ¿ italiano signore, pregunta Eva? Si
italiano……parece ser que el italiano de Eva es un dialecto que él desconoce,
por lo que al final optamos por entrar y hacemos la reserva con una señora con
un bebe en brazos. Todo muy familiar.
Eva al salir me dice
que no le huele bien que estuvieran todavía aspirando cuando ya hace media hora
que deberían estar abiertos.
Tenemos dos horas para deambular el centro y empaparnos de
los bonitos palacios, las concurridas callejuelas y las solitarias iglesias a
las que no entramos a ninguna excepto a la Igrejia Matriz.
La catedral es interesante, tiene un par de capillas barrocas y una chirregueresca pero yo destacaría la virgen del circo y los angelotes impúdicos y lúbricos.
Y él le dijo, órale maestra, vamos a trabajar al circo que yo se tirar los puñales......fue su única actuación
Es mi imaginación o estos angelitos estas revoloteando por debajo de la falda con expresión de felicidad libidinosa
Impresionan los grandes palacios estilo manuelino datados en
el siglo XV y XVI, bonitos balcones, enormes puertas y grandes escudos
heráldicos que denotan el linaje de las
familias que los habitaban.
En la praça da república hay un mercado de productos
hortícolas. Ved el tamaño de los calabacines.

Vamos a comer y nos damos cuenta que el menú es italiano. ¡¡¡¡Glup!!!! ¿Será entonces una reinterpretación de la comida de Dante? Siempre pensamos que la guía se refería a cocina portuguesa.
Solo hay dos mesas y nostros qe llegamos para ocupar a
tercera. La camarera iba a la cocina y venía sin ton ni son, no llevaba nada en
las manos pero paseaba por el interior del restaurante con un grado de
concentración altísimo. Al fin se acerca y nos pregunta si habíamos leído el
menú a la entrada o si nos los recordaba ella. Preferimos que nos lo diga ella;
ante nuestra petición vuelve a pasear por la cocina por detrás de la barra y el
comedor pero sin decirnos ni mu.
Al final viene con una hoja de bloc cuadriculada con tres
platos, una sopa, un arroz y una carne. Elegimos y preguntamos por un vino
blanco seco. Se queda pensativa ante la carta y nos aconseja un Nero D´avola.
Que yo sepa la uva nero sola lo se emplea para tintos.
Vienen los platos y el mío es una ración testimonial de
arroz con mejillones y patatas.
Bueno estaba pero la ración minúscula tirando a liliputiense
me deja con la sensación de que me quedaré con hambre. Preguntamos por el
postre, dicen tener panacota pero hecha hacía dos días y que aunque estaba muy
buena prefería no dárnosla. El colmo es
cuando queremos pagar y no saben utilizar la terminal. La señora, que por cierto
es de la Apulia, grita…..Dino, Dino. Sale el chef con el bebé en bazos, se
queda mirando la máquina, le hace un arrumaco al bebé , se da media vuelta y se
va. Hemos pagado en efectivo, hemos
declinado la invitación a un limonchelo y al salir Eva se ha echado una
carcajada que ha debido oírse dentro del lugar. Ha sido muy divertido ver a una
panda de amateurs sirviendo y regentando un restaurante. La comida estaba buena
y no ha sido cara dada la diversión.
El café lo hemos tomado en una” pastelaria “. Buen café y
buen pastelito de crema tostada.
El tren pasa por la puerta de la pastelería
A la vista está que es un cliente asiduo del lugar
El tren pasa por la puerta de la pastelería
A la vista está que es un cliente asiduo del lugar
Nuestro hotel está muy céntrico y al cual se accede por
callejones tan estrechos que no he tenido
más remedio que rayar la puerta del coche. Lo he mantenido virgen dos años. No está mal.
Esta calle me recordó a mi madre
Ah, tambien me encontré a San Juan bizqueando, supongo que al ver a los angelitos traviesos






















No hay comentarios:
Publicar un comentario