7 y 8 Julio Aveiro y alrededores.
El día de ayer, como buen domingo, lo dedicamos a
desarrollar la pereza, esa que vive agazapada en nosotros y que de vez en
cuando sale a la superficie, tomando el mando de nuestra voluntad y por tanto
de nuestro destino.
Lo intentamos, quisimos entrar a un convento museo pero
justo en ese momento cerraban para el “almorço”, al lado estaba la catedral,
fea, sin gracia y en plena misa. Paseamos un poco y constatamos que esta ciudad
no tiene personalidad. El tipo de construcción carece de gracia, mezclando en
una manzana edificios antiguos con adefesios modernos.
Frente a un edificio histórico tenemos la rampa de bajada a un parking
Aunque tiene una zona muy nueva de gran atractivo,
Ante semejante panorama, lo mejor era rendirnos – Que fáciles
somos – e irnos a comer.
En el restaurante Centenario, a 50 m del hotel y frente al
mercado, nos esperaba una grata sorpresa, primero una sopa de Mar y luego dos
formas de preparar el bacalao.
Bacalo espiritual, especie de pastel con bechamel, verduras, langostinos y Bacalao
El que me pido es el bacalao a Bras con patatas paja.
La cercanía del hotel nos llamaba con una fuerza
arrebatadora. Ahora entiendo a Ulises y los cantos de sirenas. Imposible no
rendirse.
Para cuando
despertamos ya era hora de un paseo por la ribera de los canales de Aveiro, ver a los turistas muy
turistas subidos en los barcos “ moleiros” navegando y nosotros buscando un bar
donde saciar la sed. Al final nos quedamos
en uno con tele para ver la final de la Copa América y deleitarnos con
una sardinas a la brasa.
Durante el paseo descubrimos una tienda especializada en conservas
El día de hoy amanece muy nublado y la pena es que vamos a
visitar los alrededores del la laguna de Aveiro, tanta en su parte norte como en al sur y le vendría bien un poco de luz solar.
Unas pasarelas de madera permiten el paso a la playa sin
dañar las dunas. Lo curioso es que a 50 m de la playa ya están las casas y
edificios de los veraneantes. Por suerte todo muy cuidado.
parece mentira, tan pequeños y tan modositos
A dos Km al sur de Praia Barra se encuentra Costa Nova ,
antiguo pueblo de pescadores con casas de fachadas de azulejos como la de los
barrios marítimos de Valencia y unas muy bonitas de rayas de colores.
Cruzar la boca de la ría sería en barco 15 minutos, un
estrecho de no más 3 Km, pero por tierra son 47Km. Lo hacemos conduciendo para
conocer y disfrutar los paisajes.
Leemos que en Torreira la especialidad del pueblo es la
Caldeirada de anguilas. Tenemos suerte y en el restaurante Onda Sol nos la
preparan. La anguila de aquí es más delgada, tiene menos carne pero el guiso es
muy bueno. Utilizan hierbabuena para aromatizar.
Quien nos atiende en un perfecto castellano con acento
latino es un portugués hijo de madre Venezolana, muy simpático y servicial.
Creo que Eva se ha enamorado de él ya que le ha dejado 5 € de propina.
Al salir del restaurante luce un sol brillante que invita a
reposar la comida en la playa con ginebra ella y con un aperol yo.
Eva no puede evitar la tentación de emular al hombre perro echado sobre el paseo
Una segunda playa muy solitaria le ha servido a Eva para testar la fría temperatura del Océano Atlántico. Parece que la corriente de Humboldt
hoy tenía el día libre






























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